Está bien. Esta va a ser una entrada poco divertida. O divertida, no sé. Supongo que leer esto podría considerarse divertido, ahora que lo pienso. Tan divertido como los “Paper Blogs” (creo que ese era el nombre) del maestro Kumeta al final de cada uno de los tomos de Sayonara Zetsubou Sensei, en los que cuenta parte de su vida tragicómica – que no sé hasta qué punto son hechos reales, pero mi dinero va a que, en general, es más real que falso.

He pensado que podría hablar un poco sobre mí, sobre mi día a día y esas cosas. Tengo 18 años y, bueno, siempre he sido muy hipocondríaco. Eso lo primero. Poco a poco lo soy menos, es más, yo diría que ya no lo soy casi nada. Ahora más bien le intento buscar una explicación razonable y científica (lo justo de científica, que soy de letras) a lo que siento cada vez que me encuentro mal.

Lo cierto es que desde pequeño, cada verano, cada noche de verano creía que me iba a pasar algo. Incluso por un simple dolor de barriga me empezaba a preocupar mucho. Blablabla. En serio, parece que fue ayer cuando pasar las noches en el chalet dejó de darme miedo. Ahora el miedo más bien lo tengo cuando me dicen que tengo que pasar las vaciones allí, y más aún si una vez en ese lugar resulta que internet se cae cada minuto. En los últimos años he vivido situaciones muy -en serio- muy vergonzosas delante de algunos amigos por culpa de mi hipocondría que prefiero no describir. ¿Cómo de vergonzosas? Bueno, digamos que al menos no ha tenido nada que ver con mearse encima. Pero literalmente hice el ridículo y de vez en cuando se convierte en una de esas cosas de las que aún nos reímos mis compañeros de clase y yo. Bueno, se ríen ellos, yo sólo intento hacer como si no me importase.

Creo que nadie en clase, ni cualquiera de los que veo en persona cada día lo pasa tan mal como yo. Desde hace ya años, día tras día, me levanto pensando que voy a morir. De acuerdo, no todos los días. Hay días en los que simplemente te levantas de buen humor y con un poco de suerte te dura hasta la hora de irte a dormir. Pero el resto de días siempre suele haber algo que me lleva a pensar en lo mismo. Por algún motivo, nunca he creído que vaya a vivir muchos años. (Ese motivo es la hipocondría, vale. Supongo.) Y mentiría si dijese que eso no me da un poco de miedo. El caso es que si los demás supiesen por lo que paso cada semana, seguramente… no sé, seguramente dejarían de tratarme como alguien que siempre está bien y que sólo se inventa que le pasan cosas. Ya me gustaría a mí poder ser como la gente que vive sin la preocupación de comprobar cómo de rápido le va el corazón, por ejemplo. Incluso ahora, mientras escribo esta entrada, tengo en cuenta los latidos. Van rápido. Cómo me gustaría poder ser como la gente que no tiene miedo de echar a correr porque sabe que no le va a pasar nada. Dicho esto, me gustaría aclarar que aunque ese fuese el caso, preferiría estar sentado antes que echar a correr. En definitiva, al contrario de lo que parecen pensar los demás, no es que me guste tener que quejarme de cómo me encuentro. Por esa razón, ahora lo hago mucho menos. Sólo cuando sobrepasa mis límites.

Dios mío, esta es la peor entrada que he escrito nunca. Sigo, sólo un poco más. Mientras tanto, un fun fact: siempre he tenido muchas manías, a lo TOC, pero he mejorado mucho, mucho y ya casi no tengo. Sigo esforzándome.

Me gusta el queso. Todo aquel que me haya conocido en un foro durante los últimos años lo sabe. El resto lo sabe de sobra también. Y, bueno, siempre he comido mucho queso. En cada una de las tres comidas del día había queso. En lonchas si comía bocadillos, o cortado directamente para básicamente todos los demás platos. Y bueno, desde el año pasado he ido reduciendo la cantidad de queso que como. Ahora sólo tengo una loncha o dos para el almuerzo en clase y en general nada más hasta la cena. Sólo como lonchas, últimamente. Dejé de comer tanto queso por miedo a que me pasase algo. ¿Soy imbécil? Probablemente.

El caso, y supongo que ya para ir terminando, es que aún no quiero morir. Aún tengo tantas cosas que decirle a tanta gente. Tantas cosas. Incluso es posible que algún día hasta le tenga que pedir perdón al staff de Deculture, por ejemplo. Y más cosas, no sé. Viajar a Japón. Ver mucho más anime. Saber estar completamente tranquilo, a pesar de aparentarlo el 98% de las veces. Crear un videojuego. Despedirme de gente. Disculparme a gente. Ver a gente. Agradecerle tantas cosas a gente. Y más, mucho más. En fin. Sólo espero poder vivir lo suficiente como para hacer que todo eso sea posible. Así que intentaré seguir con vida por toda la gente que me importa y que me aguanta cada día.

Gracias por haber leído esto o por no haberlo leído. Ha sido bastante ridículo. Algún día contaré más.

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